Un encuentro en un día cualquiera…
July 9, 2008 – 3:56 amRegresando por la tarde, después de buscar empleo sin éxito… un hombre regresa decepcionado por la calle.
Luego decide ir a una cafetería cercana de un barrio obrero para sentarse, descansar, calmar su sed y también para olvidar las penas por un momento.
Tantas penas y agobios han derivado en una desesperación por querer salir adelante y así poder lograr ese pequeño pedazo de cielo que tanto se añora.
Cruza la calle y se dirige a la entrada del establecimiento. ¡Qué casualidad!, un viejo conocido está dentro de la cafetería. El hombre se acerca para saludarlo y charlar un poco…
-¡Hola! No me imaginaba verte por este lugar.
-¡Hey! ¿Cómo has estado? ¡Tanto tiempo sin verte!
-Lo mismo digo.
-¿Cómo te ha tratado la vida?
-Dura por ahora, he estado buscando empleo y no he logrado encontrar algo.
-Sé que la situación es dura, pero ten fé, seguro que lo lograrás.
-Bueno, la fé es lo último que se pierte.
Ambos se dirigen a la fila de la caja para poder ordenar algo y luego sentarse en alguna mesa, mientras tanto continúan con su charla…
Hacía una tarde calurosa, el sol aún no se posaba en el horizonte, pero dejaba en el cielo ese bello color ténue que indica que la noche se acercará pronto. El conocido, notando el rostro triste de el hombre, le pregunta…
-¿Qué te sucede? Charlo contigo y siento que no eres el de antes. Antes eras más alegre y vivo, me preocupas.
El hombre, intentando sonreirle, aunque forzadamente, le dice:
-Bueno, hay días buenos y días malos, igual hay temporadas buenas y temporadas malas. Espero mejorar pronto… me queda poco dinero para poder llegar al final de més y creo yo que cualquiera no tendría una sonrisa al tener esa situación.
-Te entiendo, pero no debes estar tan deprimido. ¿Tienes más problemas encima?
-Mi vida en estos últimos años ha sido desesperante, no he podido vivir nada gracias a que me ha tocado aprender de todo, cosas que yo no sabía como enfrentar. Además una persona que es muy importante depende de mí y no deseo fallarle.
-Anímate, ya verás como habrá una solución…
De repente, se escucha en la entrada del establecimiento un fuerte sonido, como si alguien abriera la puerta de una patada, una mujer grita, y todo el mundo alrededor se asusta.
Un hombre con un gorro entra armado, apuntando con su arma hacia todas las direcciones. Luego, cierra la puerta y habla en voz alta:
-¡Que nadie se mueva! ¡al que lo intente, lo mato sin piedad!
El ambiente se pone tenso, y mucha gente atiende a las peticiones del criminal.
-¡Quiero que todos me den sus cosas de valor y todo el dinero que tengan en este saco!
El ladrón se dirige hacia una dama, la cual le da su cartera. Igualmente hacia un anciano que le da los pocos billetes que tenía a mano. Y así pasaba por todos exigiendo con su arma que desembolsaran lo poco que tiene la gente. La situación no es buena, y se presta para poner a muchos en el límite. Igual también para muchos que nunca han aprendido a trabajar en su vida y que buscan una solución facil para todo.
Después de sacar todo el dinero de la caja, el ladrón se acerca a el conocido, y le ordena que le dé todo lo que tiene. El conocido, indignado, le dice al ladrón:
-¿¿Es que no te das cuenta que nos estás quitando lo poco que tenemos?? ¿¿No entiendes que nos estás quitando lo poco que hemos ganado por trabajar duro??
El ladrón, le responde fríamente:
-¿Y a mí que me importa? Todos tienen la culpa de no saber defenderse. Ahora… ¡dame todo lo que tienes o te relleno de plomo la cabeza!
El conocido, reacciona de forma repulsiva y coge con sus dos manos su billetera. El ladrón se enfada y empuña su pistola…
-¡QUE ME DES TODO!
El hombre, reacciona y le grita al ladrón:
-¡DÉJALO EN PAZ!
De inmediato, apunta su pistola hacia el rostro de ese hombre inocente… todo el mundo se espanta y empieza a gritar.
Presiona un poco el gatillo… cuando de repente recibe un manotazo muy duro que hace que suelte el arma.
El arma cae al suelo y se desliza hasta quedar debajo de una mesa cercana.
El ladrón rápidamente intenta recobrar el arma, cuando el hombre le empuja fuertemente hacia una mesa. El criminal cae y el hombre lo vuelve a levantar, y lo empuja hacia una columna que está en el centro de la habitación.
El hombre, lo mira con mucha ira por dentro, con ojos rojos y penetrantes. Miraba a ese vulgar criminal que pretendía robarle a todos lo poco que todos tenían.
Se acerca hacia el ladrón, cerrando los puños, el asaltante lo mira asustado; ya no tenía el arma que lo hacía sentirse seguro.
El hombre se acerca más y justo cuando está enfrente, el ladrón intentaba cubrirse de cualquier golpe… pero luego mira de frente y observa cómo los ojos de ese hombre se humedecían.
De repente, ese hombre suelta un puñetazo hacia la columna, justo al lado de la cabeza del ladrón.
El ladrón se queda de piedra, y el hombre empieza a decir con muchas lágrimas saliendo de sus ojos:
-¿No te amarga ni te duele ver que en cada día de tu vida que pasa frente a tus ojos… no ves alguno de tus sueños cumplirse?
Luego, el hombre, rompe a llorar.
El ladrón y el resto de gente que estaba en el lugar, observa sin decir una palabra el llanto adolorido de ese pobre hombre.
El hombre, aún llorando, empieza a caminar y se dirige hacia la salida del establecimiento.
El conocido y una señora salen de inmediato a buscar a ese hombre, el cual estaba parado en la acera fuera de la cafetería, y aún seguía llorando.
Ambos se acercaron para consolarlo.
El ladrón huyó sin el botín ni su arma, y el resto de gente salía para ver a ese hombre, que irrumpió en el intento de robo en ese lugar.
El sol ya se había posado sobre el horizonte y las estrellas empezaban a brillar sobre el cielo, las cuales fueron testigo del testimonio de ese hombre que aún teniendo esperanza en su corazón, cayó en la tristeza y la desesperación, las cuales le llevaron a revelar su frustración ante muchas personas, incluida a otra que no conocía esa otra faceta de la vida que muchos se enfrentan a diario.
