Volar a un camino diferente
October 28, 2009 – 2:05 am-Maestro… tengo que hablar con usted.
El discípulo irrumpió el silencio de la habitación donde un hombre ya viejo estaba contemplando por la ventana el paisaje marino del pueblo.
-Ya te he dicho todo lo que concierne a tu punto de vista, ¿quien te crees que eres viniendo después de pelear conmigo hace años y luego irte sin dejar rastro?
El discípulo, con todo el respeto del mundo le contesta:
-Solo he venido a expresarme, maestro.
El maestro se queda callado y observa a su alumno con una vista penetrante, sintiendose ofendido ante la irrupción de un alumno aventajado que se reveló ante la filosofía que él impuso por décadas en la escuela de combate. Y luego se pronuncia:
-La experiencia habla por sí sola, y por eso es que nuestra escuela tiene una fama y renombre. He vivido muchas batallas en mi vida, más que todas las que mis alumnos de la escuela han tenido, y puedo decirte que no me gusta en nada tu rebeldía y cuestionamiento, no sólo de mi autoridad, sino también el de mis teorías y pilares. Sé que me darás la razón cuando alcances mi edad, ya que siempre todos acabamos en la misma posición al llegar a la vejez.
El alumno, sereno, responde:
-Esta vida no es un monolito de piedra interte, es un océano vivo que cambia el curso de sus movimientos con el paso tiempo. Y somos nosotros y la propia naturaleza los que propiciamos las errantes mareas. No podemos vivir anclados a esa piedra que se erigió hace muchos años, al final la marea también es capaz de erosionar enormes rocas, echar abajo islas y cambiar de manera abismal paisajes geográficos.
-¡La piedra angular sobre la que fundé mi escuela es muy fuerte! Respondió airadamente el maestro.
-Ni tú ni yo somos piedras, somos hojas que el viento guía, partículas que la marea mueve, somos seres vivos que evolucionamos y cambiamos junto al tiempo. Los tiempos cambian, y los que un dia consideramos enemigos, también pueden ser nuestros alidados, e inclusive amigos. Sé que me ha enseñado todo lo mejor que tiene y de la mejor manera posible, pero también, yo no puedo ser una reproducción exacta de sus enseñanzas hecha persona. Mi rebeldía no era rebeldía, era evolución de nuestra filosofía. Los tiempos cambian y así las mareas, y así los caminos que trazamos al surcar los mares. Ningún camino, por más que lo intentemos, será igual a otro, ni tampoco podemos pretender que la etapa que usted vivió será igual a la que estamos viviendo ahora. No hay punto de comparación. Yo he ganado mi experiencia y he aprendido de mis errores personales y los de la técnica que nos enseñó en la escuela. Ninguna técnica es definitiva, hay que ser flexibles como las ramas de los árboles para poder adaptarnos a cada situación…
… por eso decidí irme y marcar mi propio camino.
El maestro no supo qué responder, y su pupilo se despidió con las siguientes palabras:
Padre… he seguido tus pasos, pero yo también marco un camino distinto al emprender mi vuelo. Gracias por cuidarme mucho y enseñarme todo lo que sabes, pero ahora yo soy quien tiene que descubrir cómo navegar antes las nuevas mareas.
El pupilo se despide respetuosamente y se aleja de la habitación…
El maestro, quien siempre pensó que su experiencia era una carta infalible, dijo con voz baja y una lágrima en sus ojos, luego de que su pupilo se fuera de la escuela:
Cuídate mucho hijo mío. Sé el mejor y adáptate así como tú dices, porque también, hasta nosotros los viejos, también nos equivocamos.
Luego, observa por la ventana el paisaje del pueblo, el cual yace sereno ante el atardecer y la brisa marina.
-”Tengo fe en que serás un maestro mejor que yo en el futuro”
